Hebrón

ב»ה

Ayer visité Hebrón con varios miembros de mi nueva sinagoga. Os hablaré un poco sobre esta histórica y magnífica ciudad.

La ciudad de Hebrón (Jevrón חברון) en Judea, Erets Israel (la Tierra de Israel), representa para nuestro pueblo una prueba de la tenacidad judía sobre nuestro pasado y el sagrado y casi cuatro veces milenario vínculo que nos une con esta tierra en particular. Fue aquí, precisamente, donde se registró uno de los contratos de compra venta más antigüos del mundo.

Abraham, nuestro patriarca, compró un terreno a Efrón el Hitita, por 400 siclos de plata.

El motivo de esta adquisición, tal y como lo leemos en la Torá, en Bereshit (Génesis), fue para enterrar a Sara, su mujer.

 
Y vivió Sara ciento veintisiete años. Tales fueron los años de la vida de Sara. Y murió en Quiriat Arba, osea Hebrón, en la tierra de Canaán, y vino Ahabraham a hacer el duelo de Sara y a llorarla. Y ante la muerta levantóse Abraham y les dijo a los hijos de Jet: «Yo soy forastero y morador de paso entre vosotros. Dadme una posesión por sepultura para que pueda enterrar a mi muerta«. Y le respondieron los hijos de Jet: «Escúchanos, señor. Tú eres un príncipe de Dios en medio de nosotros. Puedes enterrar a tu muerta en el mejor sitio de nuestro lugar de sepulturas. Nadie de nosotros te lo impedirá, para que puedas enterrar a tu muerta«. Y levantóse Abraham e inclinóse respetuosamente ante la gente de Jet y dijo: «Si es de vuestra voluntad sepultar a mi muerta, ruégoos intercedáis ante Efrón, hijo de Tzójar, para que me ceda la cueva de Majpelá que posee en el extremo de su campo, por todo su valor en plata, como sepultura de propiedad mía en medio de vosotros«. (…) «No, señor mío. Te doy el campo entero y la cueva que está en el, en presencia de los hijos de mi pueblo. Sepulta (en paz) a tu muerta«. (…) «Sólo te pido que me escuches. Te daré por el campo su valor en dinero. Acéptalo y yo podré enterrar a mi muerta allí«. (…) «La tierra vale cuatrocientos siclos de plata, pero ¿qué es eso entre tú y yo? Entierra pues a tu muerta«.
De tal modo quedó asegurado para Abraham el campo de Efrón, que está en Majpelá, junto a Mamré, tanto el campo como la cueva que está en él y todo árbol que en el campo había había.
Bereshit (Génesis) 23, 1-20

Obtenido de la Tanaj en su versión castellana conforme a la tradición judía por Moisés Katznelson.

 

Con el tiempo, Majpelá pasó a ser también lugar de reposo para Abraham, su hijo Isaac junto con su mujer Rivka y para Yaacob (nieto de Abraham) y su mujer Lea. Y, según se cuenta, también estan enterradosAdam y Javá (Eva).

La Cueva de Majpelá o Tumba de los Patriarcas y Matriarcas de Israel es el segundo lugar más sagrado para el pueblo judío después del Monte del Templo, en Jerusalén, conocido también con el nombre de «explanada de las mezquitas».

Majpelá está dividida en dos secciones: en la parte superior una sinagoga para judíos y en la planta inferior una mezquita para musulmanes. La razón de que judíos y musulmanes recemos en el mismo lugar la encontramos también en el Tanaj.
 
Según el relato bíblico hace aproximadamente 3.700 años Abraham al no contar con un descendiente que heredase sus tierras a causa de la esterilidad de Sara éste optó aconsejado por su mujer que frecuentase a su esclava egipia Agar, para que le diese un hijo y nombrarlo heredero de todas sus posesiones. Ismael, primogenito de Abraham, le fue arreatado el puesto de heredero por su hermanastro Isaac hijo de Abraham y Sara – que finalmente pudo dar a luz -. Finalmente Sara le ordenó a Abraham que expulsase a la egipcia de su tienda junto con su hijo por que ésta se burló de ella.
Los descendientes de Ismael serían los actuales musulmanes, y al ser descendientes también de Abraham reclaman al igual que los judíos la Tumba donde está enterrado Abraham. 
Actualmente es el ejército israelí quien controla la ciudad. Tras el estallido de la II Intifada que costó la friolera cifra de casi 1.000 israelíes asesinados en menos de 5 años, se han cerrado calles, comercios y en ocasiones se impone el toque de queda siempre que la situación lo requiera para evitar nuevos estallidos de violencia entre la población árabe (150.000) y judía (7.500). 

Resulta curioso que los dos lugares más sagrados para la religión judía – el Monte del Templo y Majpelá –, son de muy complicado acceso para el público judío debido a imposiciones y prohibiciones árabes como el waqf jordano o la autoridad palestina.

Si de prohibiciones de judíos se trata la explanada de las mezquitas se lleva el premio. Aunque técnicamente lo controla Israel, está terminantemente prohibido (por órden de autoridades religiosas musulmanas del waqf) que un no musulmán rece sobre la explanada. Hasta el punto llega la paranoia que incluso está prohibido incluso cerrar los ojos (de forma prolongada) y mecerse «hacia adelante y hacia atrás« por ser una característica típica del rezo judío.
La explanada de las mezquitas se convierte así, junto con el barrio musulmán de la Ciudad Vieja de Jerusalén, en los dos únicos lugares en todo el Estado de Israel donde NO existe la libertad de culto. Donde un judío, pese a encontrarse en su país, NO puede ser judío o mostrar su judeidad. Donde un judío ni tan siquiera puede caminar. Claro está si no quiere recibir una puñalada.
En Hebrón la cosa no deja de ser muy distinta.
La mezquita de Ibrahim como los musulmanes llaman a la Tumba de los Patriarcas cuenta con una mezquita para los musulmanes en el piso inferior hubicándose la sinagoga en el superior. 

El acceso a la cueva que da a las tumbas está cerrado con candado. Las llaves las tiene el Waqf, un líder religioso musulmán que prohibe el acceso a los judíos. Desde la Guerra de los Seis Días (1967) que la región fue de nuevo a parar a manos judías – tras la expulsión y matanza (1929) por ordenes del gran Mufti de Jerusalem (y tío abuelo de Arafat) Hajj Amin al Husseini, de la milenaria comunidad judía de Hebrón -, tan solo en dos ocasiones una judía y posteriormente un grupo de varios judíos pudieron entrar a la Cueva. De forma que el segundo lugar más sagrado para nuestra fe queda fuera de nuestro alcance, una vez más.

Si tras la Guerra de los Seis Días el gobierno israelí permitió a los musulmanes seguir visitando y rezando en sus santos lugares y sus mezquitas, si hubo también para ellos libertad de culto, ¿por qué razón nos impiden acceder a nuestros lugares más sagrados con plena libertad?

Añadir que ir a Hebrón es muy arriesgado pues nunca sabes qué puede ocurrir en esa caótica ciudad. Nuestro autobús iba protegido con cristales blindados y entre los miembros de la excursión había gente debidamente armada. Que Israel no destruyese edificios ni mezquitas a los árabes demuestra que el principio de convivencia solo se puede aplicar al Estado Judío, no así al gobierno palestino (ANP).

Mi viaje transcurrió sin ningún contratiempo. Visitamos la sinagoga, rezamos slijot y después partimos hacia Jerusalén para terminar en la Tumba del Profeta Samuel.

Pero esta historia la dejo para más adelante.

 

Yom Revií 11 de Elul de 5772
Miércoles, 29 de agosto de 2012



דוד יאבו
David D. Yabo
Tumba de los Patriarcas y Matriarcas


Armario donde se guarda la Tora



Para la protección del visitante judío.

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