“¡Judíos!, ¡hermanos!, ¡guerreros!” Es más lo que nos une que lo que nos separa.

ב״ה

Con el trágico exilio forzado del pueblo judío de nuestra tierra ancestral, suceso acontecido hace dos mil años, el judaísmo transformó su identidad de cara a una nueva realidad: un judaísmo sin templo. Sin hogar.

A lo largo de siglos de exilio, el judío y su judaísmo evolucionaron tanto en Europa, como África y Asia. El judío fue amoldándose a vivir como extranjero, implorando, suplicando un Mesías o un profeta que nos regresase a Sión.

Surgieron comunidades centroeuropeas y en la península ibérica, en Yemén, en todo Oriente Medio, Persia y en lugares tan remotos como Etiopía. A pesar de persecuciones, expulsiones e incluso exterminios el legado judío de la diáspora ha conseguido milagrosamente sobrevivir hasta nuestros días.

Sin embargo dos milenios en la golá – exilio – hizo que el judío perdiese el norte, más concretamente el Este. Sión. Nuestro origen como nación judía.

Hace 70 años comenzó una nueva época en la historia del pueblo judío: el renacimiento del Estado judío. Hemos recuperado la soberanía judía en la Tierra de Israel, en Sión. Sin embargo no hemos remodelado el judaísmo a esta nueva realidad. En Israel aún continúan las divisiones entre comunidades, sin entender que va siendo hora de terminar con estas diferencias. Y esto afecta también a los judíos que aún viven en la golá.

¿Debemos pues renunciar al legado judío de la diáspora? ¡Por supuesto que no! Forma ya parte de nuestra historia. Debemos seguir deleitándonos con melodías en yidish, en ladino o mizrají, disfrutar del arte culinario, de la literatura y demás aportaciones de estas culturas centenarias. Es nuestra responsabilidad y obligación conservarlas.

Sin embargo debemos empezar a pensar en amoldar el judaísmo y al individuo judío al nuevo judaísmo, un judaísmo sin templo pero con soberanía en Erets Israel. Nuestra tierra ancestral.

 

En vísperas de Rosh HaShaná del año 5778 existen cada vez más brechas entre nosotros. Y es más lo que nos une que lo que nos separa.

Menajem Beguin z”l lo bien tenía claro, a él le daban igual las distinciones entre askenazíes, sefardíes, mizrajíes, abogando por una nueva identidad: “¡Judíos!, ¡hermanos!, ¡guerreros!

 

Video con subtítulos en español

Nota: se debe activar subtítulos.

 

Shaná tová uMetuká שנה טובה ומתוקה

Feliz y dulce año 5778

 

 

 

Yom Shlishí 28 de Elul de 5777
Lunes, 18 de septiembre de 2017

דוד יאבו
David D. Yabo

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