Roma y la inmortalidad del Pueblo Judío

ב״ה

¿Qué mejor ciudad fuera de la Tierra de Israel para recordar y reflexionar sobre la frase de Mark Twain “la inmortalidad del pueblo judío”? Solo tengo que abrir las ventanas del hotel donde me alojo, en la vía Vespasiano.

 

Corría el año 6 cuando Judea fue incorporada como provincia romana. Los romanos no solo asumieron el derecho a nombrar al Sumo Sacerdote, rompiendo así una tradición milenaria, y que además, para aumentar la furia de la población judía, Calígula quiso levantar una estatua suya en el Templo de Jerusalén. Este sería el preludio de lo que seis décadas después desencadenaría en la Primera Guerra Judeo-Romana (66-73). Pero antes de que estallase un grupo judío teocrático se preparó durante este tiempo para liberar Judea hasta que comenzase la revolución…

 

Un pogrom en Cesarea organizado por los griegos dio inicio a la revolución en debido a que las legiones romanas no intervinieron para detener la masacre. La población judía, indignada por lo ocurrido, estalló al enterarse que el procurador romano Gesio Floro había robado dinero del tesoro del Templo, lo que hizo que el Sumo Sacerdote Eleazar Ben Ananías cesara las oraciones y sacrificios en el Templo en honor al emperador romano y mandó atacar a la guarnición romana de Jerusalén. Tras esto, Cestio Galo reunió una importante fuerza en Acre para marchar hacia Jerusalén.

Los judíos repelieron las fuerzas romanas, pero no pudieron contra las cuatro legiones romanas del general Vespasiano (60.000 hombres), por lo que lograron aplastar la resistencia judía del norte en el año 68.

En el año 69 Vespasiano es nombrado emperador de Roma dejando a su hijo Tito encargado de asediar y tomar Jerusalén.
Tito no pudo romper las defensas de la ciudad en un solo asalto y el ejército decidió sitiar la ciudad. Jerusalén no disponía de suficiente agua y alimentos debido a que meses anteriores miles de peregrinos habían llegado a Jerusalén por Pesaj, la pascua judía, por lo que miles de judíos murieron de hambre y de sed.

En el año 70 los romanos rompieron las murallas y saquearon la ciudad, destruyendo el Templo, robando los tesoros y llevándose la Menorá. Este hecho quedó reflejado para la eternidad en el Arco de Tito, frente al Coliseo Romano, el cual fue construido con el dinero saqueado por las legiones de Tito.

 

En el año 72 Lucio Flavio Silva parte hacia Masada, la última fortaleza judía en pie, y tras varios meses de asedio en el año 73 los romanos conquistan Masada y encuentran que casi los mil defensores judíos entre hombres, mujeres y niños, se habían suicidado antes de rendirse ante Roma. Prefirieron morir como hombres libres en su tierra que esclavos en ajena.

Un millón de judíos murió durante la revuelta y diez mil fueron esclavizados.

 

El viernes, de camino a la sinagoga, dejando atrás el Vaticano, también pude recordar a Hertzl. En 1904, seis meses antes de fallecer, vino a Roma para defender el derecho de autodeterminación del pueblo judío en nuestra tierra ancestral frente al rey Víctor Manuel III y posteriormente en audiencia privada con el líder de una tercera parte de la población mundial, el papa Pío X, quien además era un firme opositor a la creación de un Estado judío en Tierra Santa. “‘Gerusalemme’ no debía a ningún precio, caer en manos de los judíos”, espetó el santo padre ante el líder judío. Y sin embargo apenas seis décadas después “Gerusalemme”, arrebatada por Tito, hijo de Vespasiano, volvería a estar en manos judías.

 

Escribe Mark Twain:

“Los imperios Egipcios, Babilonios y Persas, crecieron, llenaron el planeta con sonido y esplendor, y después desaparecieron como parte de un sueño. Después aparecieron los Griegos y los Romanos e hicieron mucho ruido pero también desaparecieron. Otros pueblos han crecido y mantenido su antorcha prendida en alto por algún tiempo, pero finalmente se les apagó y ahora se encuentran en el crepúsculo o ya no existen. El judío los vio a todos y les ganó a todos. Es ahora lo que siempre fue, no ha mostrado decadencia ni envejecimiento, ningún debilitamiento de sus partes, ningún enlentecimiento de sus energías, ningún desafilamiento de su mente alerta y agresiva. Todo es mortal excepto el judío; todas las demás fuerzas pasan, pero él perdura. ¿Cuál es el secreto de su inmortalidad?”

 

Motséi Shabat 26 de Jeshván de 5778
Sábado, 3 de noviembre de 2018

דוד יאבו
David D. Yabo

1 Comment

  1. Jaime 3 noviembre, 2018 at 21:29

    David, es la nisma pregunta que yo me he hecho siempre, cual es el secreto de.mabtenerse siempre en la jugada de la historia….

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