Guerra mediática

ב»ה
Nos remontamos al 30 de septiembre de 2000. Seguro que a todos os suena el nombre de Mohamed al-Dura, aquel muchacho palestino de doce años que fue presuntamente muerto por fuego israelí hace ya doce años, en la intersección de Netzarim,  Franja de Gaza, durante el segundo día de la II Intifada como consecuencia de un fuego cruzado entre turba palestina y el Tzahal, ejército israelí.
Este dramático suceso fue filmado por el cámara del canal francés France2, el palestino Talal Abu Rahma, y difundido a nivel internacional con el claro objetivo de demonizar al Estado de Israel y resucitar así viejos libelos de sangre. Se acusó al ejército israelí de ser el responsable de dicha muerte sin llevar a cabo una investigación de lo ocurrido. Años después, en 2005,  el editor de noticias de France2 declaró que nadie podía afirmar a ciencia cierta quién realizó los disparos.
Todo el mundo árabe y simpatizantes declararon «mártir» al joven y su imagen recorrió el mundo en forma de posters, sellos, billetes y demás merchandising como símbolo de la lucha palestina contra el «opresor sionista».
Bamako, Mali.
Túnez
 
Manifestación en Londres
Irán
 
 
 
 
 
 
 
 
No  me voy a centrar sobre quién disparó o mató al chaval si es que realmente murió, puesto que la fotografía del cadáver que difundieron más tarde ni si quiera era la del propio Mohamed. La prensa simplemente se delimitó a juzgar sin molestarse en contrastar otras fuentes.
Quiero hablar precisamente de la tendenciosa. Esa prensa que decide dónde ubicar la capital de Israel. Esa prensa que nunca rectifica cuando una notica es falsa y está manipulada. Esa prensa que publica todo lo que recibe sin corroborarlo.
 
El mismo día del suceso al-Dura The New York Time, Associated Press y otros grandes medios de comunicación publicaron esta fotografía:
 

En la imagen podemos ver a un soldado israelí con algo parecido a un palo y a un joven con la cabeza ensangrentada.  La prensa sin dudarlo y recurriendo a fuentes nada fiables determinó que el herido era palestino y que el soldado israelí estaba empleando violencia contra el palestino.

La imagen dio la vuelta al mundo y todos se apresuraron a maldecir al Estado de Israel y a cada ciudadano israelí.
Pocos días después de la publicación de la fotografía el Dr. Aaron Grossman escribió al The New York Time la siguiente carta:
En cuanto a su imagen en la página A5 del soldado israelí y el palestino en el Monte del Templo –ese palestino es en realidad mi hijo, Tuvia Grossman, un estudiante judío de Chicago. Él y dos de sus amigos fueron extraídos de su taxi mientras viajaban en Jerusalén, por una turba de árabes palestinos, y fueron severamente golpeados y apuñalados.
Esa foto no podría haber sido tomana en el Monte del Templo porque no hay estaciones de gasolina en el Monte del Templo y, ciertamente, ninguna con letras en hebreo, como la que se observa claramente  detrás del soldado israelí tratando de proteger a mi hijo de la turba.
The New York Times publicó una escueta corrección que identificaba a Tuvia Grossman como un «estudiante americano en Israel» y no como un judío que recibió una paliza por ser judío. En la corrección añadieron que el incidente tuvo lugar en «la Ciudad Vieja» omitiendo que ocurrió en el barrio árabe de Wadi Joz.
Lo curioso de esta historia, que pese a haber ocurrido en el mismo día que el suceso al-Dura a Grossman nadie le recuerda precisamente por no ser palestino o por para evitar la vergüenza de la prensa escrita, es que Tuvia sigue siendo a día de hoy otro  producto más del lucrativo negocio del merchandising palestino donde utilizan su imagen ensangretada  como propaganda para la lucha contra Israel así como para boicotear productos que hacen negocios con  el Estado judío, como la Coca Cola. De cerrar la embotelladora ubicada en Ramalla conllevaría más  pérdidas económicas para los palestinos que para los americanos así como el despido de cientos de trabajadores locales.
 
 
 
Éste es solo un ejemplo de la interminable lista de irregularidades que comete la prensa nacional e internacional a la hora de (des)informar sobre el Conflicto de Oriente Medio.
Nosotros luchamos en muchos frentes: religioso, territorial, geográfico, ideológico, político, demográfico… pero en el informativo somos débiles. Tras sobrevivir siete guerras, incursiones militares así como resistir a dos terribles Intifadas, el Estado de Israel se ve perdedor ante la guerra mediática. Una guerra nacida del odio irracional, inexplicable y específico hacia la única nación judía.
 
 

Yom Shlishí 17 de Elul de 5772
Lunes, 3 de  septiembre de 2012

דוד יאבו
David D. Yabo

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